Cuando me envías un Whatsapp

Tú desbloqueas tu móvil, buscas mi nombre y no tienes ni puta idea de todo lo que desencadenas.
 
Da igual lo que yo esté haciendo. 
Durmiendo. 
Estudiando. 
Trabajando.
 
En cuanto me envías un WhatsApp las minifaldas de mi ropero se caen de las perchas. 
El Spotify se activa con la canción de Christina Aguilera Ven conmigo
Los tacones de mi zapatera, sin tener ni una mínima noción, empiezan a bailar claqué. 
Mi pintalabios rojo comienza una lucha a vida o muerte contra el de color vino. 
Los pelos de mis piernas me piden salir de paseo por las tuberías de mi baño. 
Mis papilas gustativas demandan ginebra y tónica. 
Mi móvil activa el google maps en dirección a tu casa. 
Mi coche me pide que lo saque del claustrofóbico garaje en el que duerme. 
En el cajón de mi ropa interior, mis bragas de encaje asesinan a las de los dibujos de Piolín.
Mis ojos me gritan: ¿ves? ¡te dije que sí eras guapa!
 
Todo eso pasa en los tres segundos que tardas en decirme algo totalmente lógico y normal y en cerrar la conversación hasta dentro de 6 meses.
 
Y luego yo tardo TRES PUTAS HORAS en poder volver a: 
Dormir. 
Estudiar. 
Trabajar.
 
Y entonces afino el oído y oigo como mi cerebro, que me estaba hablando desde que leí tu mensaje pero al que yo no quise escuchar, me dice: 
 
tía, eres gilipollas.
 
Y te odio durante los meses siguientes, hasta que te decides a enviarme otro whatsaap y las minifaldas de mi ropero se caen de las perchas...
 
Bucle, mi cieli.
B-U-C-L-E
 
Maldita la hora en la que apuntaste mi número.

Querida treintena



Querida Treintena, 
antes de que llegues te voy a pedir un par de cositas POR FAVOR

Si Antonio Banderas viene a Gran Canaria en busca de nuevos talentos y se echa una cerveza en el bar al que siempre voy, que no esté yo en el baño.

Si algún día tengo que acelerar el paso en una noche oscura, que sea porque quiero saludar a George Clooney que está al final de la calle.

Si, por el contrario alguien me persigue a mí, que sea porque me confundieron con Sofía Vergara.

Si alguien piensa que me falta más sal, que sea porque me va a invitar a un tequila.

Si voy al hospital, que sea porque alguien ha tenido un niño.

Si se me sale una lágrima, que sea porque se me metió rímel en el ojo.

Si algún hombre me enamora y luego me abandona cruelmente por una veinteañera, que tenga yo suficiente inspiración para escribir un libro de éxito mundial que se traduzca a tres idiomas titulado: Las Almorranas de mi ex novio. (Les hémorroïdes de mon ex petit ami, My ex-boyfriend's hemorrhoids)

Si lo anterior ocurre, que mis amigas no me dejen escribir ese libro.

Si mis amigas insisten en que no escriba ese libro, que yo les haga caso.

Si tengo que apoyar a alguien en algún drama, que esté relacionado con elegir mal el corte de pelo.

Si tengo que dar alguna explicación complicada, que sea sobre la aplicación del mínimo común múltiplo y máximo común divisor en la vida real.

Y si en mi examen de oposición me pongo nerviosa, que las soluciones estén con letra pequeñita en la última hoja.

Bastante poco te estoy pidiendo en comparación con lo que consiguió la Veintena, así que no te quejes.
Nos vemos en dos días. 
Vete preparándote. 
Kisses.



El adiós mejor con vino

Estoy aquí sentada, depresiva perdía, melancólica y cariacontecida (manejo una gran variedad de vocabulario, ¿ok?) mientras veo cómo lo preparas todo para salir de mi vida y pirarte para siempre. 
 
Sabía que algún día lo harías, pero te confieso que no me gusta NADITA la idea de que me abandones ahora. Y que por mucho que me lo intente tomar con filosofía, te aseguro que no me parezco a Platón ni en lo blanco del ojo.
   
Tu presencia me ha sabido a pestañeo, a cuenta atrás, a beso volao. 
Al azúcar que te deja la gominola en la comisura del labio y de la que disfrutas de un lametón unos minutos después.
A chupito de tequila.
A algo breve pero potente.
 
Soy una chica madura y aceptaré tu huida. NO TE VAYAS, NO TE VAYAS, PORFI PORFI.
Pero mentiría si no te dijera, honestamente, que a mí esto me ha sabido a poco.
 
Al final, lo de menos es eso de no haber subido al altar
o lo de no haber engendrado nuevas vidas.
No era mi momento.
 
Aunque tengo claro que si algún día lo llevo a cabo, ya no va a quedar bien que baile reggaetón en la boda, o que me haga unas fotos de embarazo haciendo un corte de manga. Esas cosas solo podrían haber quedado bien contigo. Y bueno, tú ya te vas.
 
Me encantaría salir corriendo y buscar a la persona que te abrirá su puerta con ilusión. Sentarme con ella, aconsejarla y hablarle de ti mientras se me escapa la envidia por las orejas y la maldigo un poquito por dentro.
 
Explicarle que tú me diste tanto, que ahora la única idea catastrófica que me ronda la cabeza es que no encontraré mejor compañía que la tuya y que, por si acaso, te disfrute.
 
Antes de salir te pido que no quites el resto de chicle azul que dejaron tus pósters, que no rompas las fotos que nos hicimos, que no pintes aquel rayón de la pared, que no tires el edredón descolorido en el que llevamos años acostándonos.
 
Si borras todas tus huellas ¿Cómo voy a demostrar que estuviste aquí?
 
Que sí, que la edad es solo un número, pero juntas nos lo hemos pasado jodidamente bien, Veintena.
 
Y ahora que solo nos quedan un par de semanas juntas, lo mejor será que brindemos por lo vivido.
  
Si te cruzas con la Treintena a la salida, coméntale que deje mi salud tal y como está.
 
 Y mis tetas también.
 
Muakis.

Amiga, acéptalo.

 
¿Te acuerdas de Miguel?
 
¿No?
 
Claro, hazte la loca ahora.
 
Quizás dicho así a bote pronto, la memoria te juega una mala pasada, pero te aseguro, querida amiga y/o querido amigo gay, que TÚ CONOCES MUY BIEN A MIGUEL.
 
Miguel es ese caballero al que le gustas, ese que es tan buena persona, tan buen amigo y que es hasta mono, pero a ti no te interesa. 
Bueno, a lo mejor no se llama Miguel sino Andrés, Roberto o Pancracio. Pero estoy segura de que si lo piensas bien sabes de quién te hablo. Todos tuvimos o tenemos algún Miguel en nuestra vida.
 
Y Miguel es un tío interesante, para qué vamos a mentir. Es simpático y tiene buena conversación. Lo único que le pasa a Miguel es que le gustas tú.
 
Y la verdad es que a ti no te gusta, nunca te ha gustado y nunca te va a gustar. Y eso no es culpa de Miguel.
 
-Pero mujer, queda con él
-No es mi tipo
-Pero al menos como amigo...
-No puedo quedar con el como "amigo" porque él no quiere ser mi amigo
-Pero quizás quedando con él le descubres algo y te acaba gustando
-Que no me gusta, coño.
 
Miguel aparece de vez en cuando en tu vida para ver cuál es tu estado sentimental. Si ve que estás con alguien desaparece y reaparece unos meses después por si acaso la cosa cambia.
 
Y Miguel te habla como amigo, te envía un whatsapp de vez en cuando y se queda un poco a la expectativa, a ver si tú te muestras receptiva o sigues tan distante y desinteresada como siempre.
 
¿Eres simpática? Pues eso es que estás interesada.
¿Eres distante? Pues eso es que eres una creída de mierda y no te volverá a hablar hasta que se le olvide lo gilipollas que eres.
 
Ya te digo yo que eso de ser amiga de alguien que quiere saber lo que hay detrás de tu ropa interior nunca llega a buen puerto.
  
Y cuando hablas con él, ya sea detrás de la pantalla o tomando un café (las cervezas están prohibidas), le dices telepáticamente:
  
 Hombre Miguel, que tú eres un buen tío, puedes conocer a otra mujer que yo no soy pa' tanto. 
Deja de venir cada cuatro meses a ver si te cae la breva, que ya te digo yo que estás perdiendo el tiempo y tampoco soy tan buena en la cama.
 
 
¿Te suena la historia?
Bueno, pues hoy solo quería decirte, querida amiga,
que a veces Miguel
 
E
R
E
S
 
T
Ú

TodossomosunpocoMiguel.

¿Oposiciones? Prefiero hablar de mis nalgas.

El otro día me dio una otitis tan mortalmente incapacitante y tan profundamente dolorosa que lo único que pude hacer durante cuatro días fue ver, nada más y nada menos, que dos temporadas completas de una serie, o lo que es lo mismo, 17 capítulos de una hora cada uno mientras maldecía mi vida.
 
La serie era Ana de las tejas verdes.
 
Recuerdo mi vida anterior, esa vida en la que viajaba, en la que pasaban cosas interesantes, en la que la gente pensaba que yo era una tía guay y además yo tenía tiempo para contarlo y chulearme.
 
Por supuesto, ahora sigue habiendo gente que me considera una mujer increíblemente cool, el único problema es que tienen diez años. 
   
Cosas que pasan por ser decente, digo, docente.
   
Mañana comienza mi nueva aventura y no es un viaje, aunque en cuestión de dinero me voy a gastar lo mismo que si diera la vuelta al mundo, en limusina, y con Ryan Gosling sirviéndome ginebra en una copa de oro con diamantes incrustados y un anillo de compromiso dentro de un cubo de hielo. Un anillo de zafiros, por supuesto, a ver si te crees que yo me conformo con un par de quilates de oro blanco.
   
Ahora que voy a prepararme las oposiciones hay algo que me preocupa bastante: mi culo. Y quizás tú pienses que ya he hablado demasiadas veces de culos en mi blog, pero cuando algo preocupa... pues una tiene tendencia a ser redundante. 
   
No me malinterpretes, por supuesto que también me preocupa mi futuro profesional y todo eso, pero no puedo negar que mis dos nalgas forman parte de mi vida, y ahora que voy a pasar tanto tiempo sin moverlas me inquieta que cambien de forma. Por mucho que siempre trabaje de pie, no creo que dar clase haciendo sentadillas esté aprobado por la Consejería, aunque con las nuevas metodologías nunca se sabe, quizás pueda buscarle una razón pedagógica al asunto.
   
Bueno, el caso es que creo que voy a empezar a desviar la atención hacia esa zona de mi cuerpo.
   
-¿Qué tal llevas las oposiciones?
-Bueno, pues la verdad es que mi culo se está multiplicando.
-Sí, pero... ¿y las oposiciones?
-Pues me paso mucho tiempo sentada, ¿tú me ves el culo más grande?
   
Es más, voy a empezar a ver mi culo como un escape psicológico a este mundo cruel y despiadado, a esta prueba horrible e injusta, a esta situación estresante e inhumana, sanguinaria y desalmada, a estos juegos del hambre docentes. Haré de mi culo, mi terapia. 
 
-¿Cómo llevas la programación?
-Lo cierto es que la inactividad continuada sobre la silla de mi ordenador hace que me duela el glúteo mayor, mediano y menor.
-Yo ya la tengo acabada
-Pues, con todos mis respetos cariño,
.
.
.
.
.
vete a tomar por culo.
 
Comienza mi época opositora.
Que Dios se apiade de mi alma.
  
Todavía me planteo mandarlo todo al carajo y gastarme el dinero en mi Ryan.
 
Bisous.

Querido hombre ofendido

Le escribo esta carta porque no comprendo su molestia y resentimiento hacia mí y hacia el resto de mujeres. 
 
Es evidente que de forma natural hay diferencias entre nosotros. Usted es XY y yo XX. Usted tiene la voz grave y yo aguda. A usted le engorda la barriga y a mí las cartucheras. A usted le cuelgan unas cosas y a mí otras. 
Y sin embargo, tenemos algo en común:
 
EL CEREBRO
 (GRACIAS A DIOS)
 
Es cierto que hay desigualdades que jamás podremos superar, por ejemplo: Yo voy a trabajar dos veces al mes con dolor debido a la menstruación y usted no.
No se preocupe, no le estoy diciendo que esto sea culpa suya, y ya puestos, le pido perdón por las veces que he deseado que la regla la tenga usted, que han sido muchas. 
 
Mis más sinceras disculpas.
 
Pero últimamente se habla de una diferencia crucial entre usted y yo: la posibilidad de decidir si abortar o no. 
A mi modo de ver, que yo tenga la última palabra en este asunto no puede discutirse, ya que mi cuerpo está directamente implicado en el proceso, sin embargo, yo quiero hacerle ver que aunque esa decisión parezca mía, en el fondo es suya también.
 
Si usted no quiere que yo tenga la última palabra, puede seguir un procedimiento sencillo: introduzca su miembro colgante en mi jardín con gabardina. Si aún así decide correr el riesgo, sepa que me está otorgando a mí la RESPONSABILIDAD de decidir qué hago con sus espermatozoides.
 
Si usted tiene novia y su novia toma anticonceptivos PERO decide dejar de tomarlos sin comunicárselo, le informo de que su novia es una hija de puta mala persona y usted ha tenido mala suerte. Confío en que no haya tantas mujeres así en el mundo, y le deseo de corazón que no se cruce con ninguna de ellas.
 
Pero con esto lo único que le quiero hacer ver es que usted también tiene algo que decir. 
 
USTED PUEDE DECIDIR
USTED DECIDE.
(Y esa decisión no tiene menos importancia sólo porque yo esté acostada a su lado 
 espectacularmente sexy y con una teta fuera.)
 
Querido hombre ofendido, le juro que con esta carta quiero animarlo. La sociedad le grita continuamente que forma parte de un colectivo idiota poco inteligente.
 
Las mujeres nos quejamos de los comentarios tipo: 
 
"...pues no tenía que haberse vestido tan sexy"
"no debió haber salido sola"
"¿Por qué subió a su casa?"
 
Pero en realidad pienso que el primero que debe sentirse atacado es usted. Las personas que utilizan esas frases lo consideran tan IDIOTA como para no entender que una mujer con una falda corta no quiere ser tocada, piensan que usted es tan ZOPENCO que si ve a una chica sola en la calle creerá que es de su propiedad y además creen que usted es tan IGNORANTE que no entiende el significado de un NO.
 
Y no sólo eso, las discotecas opinan que usted es tan tonto que pagará una entrada sólo por ser hombre, los anuncios piensan que su inteligencia no está lo suficientemente desarrollada como para poner una lavadora, los canales de deporte le aseguran que usted juega bien al tenis y al fútbol, pero que no sabe hacer natación sincronizada.
 
A ver cariño, la sociedad se ríe también de ti.
 
Así que querido hombre ofendido, pienso que debe sentirse menos atacado por mí y por el feminismo y más por:
 
1. Aquellos IDIOTAS, ZOPENCOS e IGNORANTES que desvalorizan tu colectivo varonil pegándole a una mujer porque les falta la materia gris que tú y yo tenemos en común.
 
2. Aquellos que te tratan como si formaras parte de los gilipollas del punto 1.
 
Porque al final, querido hombre, si usted no forma parte de los del punto 1 no debería sentirse nunca ofendido. El feminismo no busca más que la igualdad entre ambos sexos y si alguna vez se cruza con una mujer que piense que ella está por encima, llámela hembrista, no feminista.

Esta también es tu lucha, baby.
 
 
Querido hombre,
usted me encanta.
(Lamento haberlo tuteado en algunas frases)

Terror en la peluquería

Una vez un varón me recomendó una peluquería... ya no me quiero ni acordar.
 
Yo quería unas californianas, y no me refiero a dos increíbles chicas rubias de pecho generoso nacidas en los Ángeles. Esas mejor que se queden en California que luego vienen a quitarnos a los hombres. Yo lo que quería eran unas MECHAS californianas.
 
Dime por favor que tú que me lees sabes de sobra lo que son unas mechas californianas. DÍMELO. Bueno, pues yo, por si quedaba alguna duda, le enseñé una foto a la peluquera.
 
Y aparentemente ella me entendió.
Aparentemente
APARENTEMENTE
Pero las apariencias engañan.
 
Pero yo, como ya le había enseñado de forma GRÁFICA lo que significaban MECHAS CALIFORNIANAS pues me senté en la silla tranquilamente.
 
-¡Tu pelo es precioso!-me dijo. Supongo que se lo dice a todas pero me da lo mismo porque a mí me gusta que me lo digan.
-Gracias, por eso cuando me hago mechas siempre las hago de medios a puntas.
(Como puedes comprobar tengo un vocabulario bastante amplio en temas capilares)
 
El problema empezó cuando yo vi que ella me estaba colocando el decolorante muy arriba.
-¡No me vayas a dejar rubia!- Y sonreí. Pero ella me dijo que no me preocupara. Y a mí me valió su respuesta.
 
Pero a medida que pasaba el tiempo yo vi que la mujer se estaba poniendo nerviosa. Casi se le veían las gotas de sudor intentando ponerme el tinte y la platina. 
 
De repente llama a su jefe. Su jefe me ve el pelo. Los dos empiezan a susurrar y a poner caras. Y yo, que vivo en el mundo de yupi, quise creer que estaban hablando de ofertas en los champús y acondicionadores de Schwarzkopf.
 
Pero entonces en mi mente escuché un aviso, UNA ALARMA, UNA SIRENA QUE SACUDIÓ EL FLUIDO DE LOS CANALES SEMICIRCULARES DE MI OÍDO y pensé que quizás cuando no escuchas hablar a una persona que está justo detrás de ti es porque ella NO QUIERE QUE LA ESCUCHES.
 
Total, no me voy a extender más.
 
 Entré a la peluquería siendo yo y salí convertida en una versión MUY desmejorada de Khaleesi.
 
Y sé muy bien que los que me conocen pensarán que nunca me vieron rubia, y es algo completamente normal ya que a partir de ese día me gasté el sueldo comprando baños de color de mi pelo natural en centro Belle.
 
Nunca te dejes aconsejar por un hombre 
o por lo menos, 
por ninguno al que el pelo le mida dos centímetros y medio.
 

El oscuro mundo de las oposiciones




*Este post iba a publicarlo hace un año pero finalmente las oposiciones se cancelaron y lo dejé en el borrador. Hoy lo he vuelto a ver y como varias personas me han pedido que siga publicando (que conste que con "varias personas" no me refiero a mi madre) me he decidido a hacerlo.

Yo veo las oposiciones de magisterio como un profundo y oscuro agujero negro que te chupa la sangre, las ganas, mucho tiempo y el dinerito del bolsillo.
 
Linda y motivadora definición.
 
Entonces... ¿Por qué voy a presentarme? Bueno, pues resulta que los dos principales planes de mi vida hay cosas que salieron mal:
 
1. No encontré a ningún caballero rico y dispuesto a mantenerme durante toda la vida y que al mismo tiempo me permitiese tener una relación paralela con algún chaflameja (traducido por la academia canaria de la lengua como persona de conducta informal e irresponsable) que son los que en realidad me gustan.
 
2. Ningún colegio privado/concertado me ha contratado y ha descubierto que soy la nueva Cesar Bona y que soy capaz de enseñar los partitivos bailando un sirtaki.
Y aunque estos dos planes iniciales no se han desarrollado como esperaba, lo que en realidad me preocupa es la consecuencia: TENER PRESENTARME A ESE HORRIBLE EXAMEN OFICIAL PARA PODER TENER UN TRABAJO Y PAGARLE LA PENSIÓN A LOS VIEJIS DE HOY.

Yo y los exámenes oficiales siempre nos hemos llevado mal. Hablando claro, a mí los exámenes oficiales me caen como una patada en el culo. Durante toda etapa estudiantil he sido de esa clase de persona que suele ir a los exámenes relajadita y feliz, pero mi historia con esos exámenes realmente importantes, con esos que tienen una GRAN trascendencia en mi vida nunca ha sido buena. 
 
Historia nº 1: LA PAU. Todo el mundo sabe la importancia que tiene aprobar la PAU en junio (ahora llamada EBAU)  para poder acceder a la carrera que quieres.
Examen de historia. Me siento en la mesa, leo el examen y pienso: se han equivocado, este tema no pertenece al temario, voy a esperar tranquilamente a que alguien con más personalidad que yo se queje de esta errata imperdonable.
 
Cuando todo el mundo empezó a escribir me di cuenta de que la gilipollas que se había dejado un tema atrás era yo.
 
Historia nº 2: examen de conducir. Un examen que tienes que aprobar lo antes posible si no quieres acabar hipotecando la casa, el coche y las joyas de tu tía abuela Casimira.

Examen práctico de conducción. Ese día los exámenes estaban saliendo de un parque que yo conocía muy bien. Me senté a esperar al examinador repasando mentalmente las calles y comentando con los demás la suerte que habíamos tenido por eso de que el coche saliese precisamente de ese punto. El examinador llegó y cuando me iba a subir al coche dijo: súbete atrás que conduzco yo, nos vamos a otro sitio. 

Y yo sonreí mientras le deseaba al examinador una serie de desgracias que nunca le confesaré ni a mi cura de confianza.
 
Historia nº3: Certificación b2 escuela de idiomas. Sólo puedes presentarte una vez al año y yo necesitaba el título para presentarme luego a las oposiciones.

Prueba de comprensión oral. Mi escuela de idiomas está situada al lado de un parque de bomberos. Cuando la profesora puso el audio sonó la alarma.
Venga... gracias universo.
 
Así que teniendo en cuenta mi trayectoria, he decidido pedir perdón desde ya a aquellos que se vayan a presentar este año y que coincidan conmigo. Yo no sé qué va a pasar pero admito mi culpa por adelantado.

Quizás pienses que soy exagerada, pero yo un día fui al cine y se equivocaron de película, ¿tú conoces a alguien que le haya pasado eso? pues estaba en la sala conmigo, seguro.

Y a pesar de todo esto a veces me pregunto que para qué me presento, para qué me paso gran parte del día sentada corriendo el riesgo de que mi culo se multiplique por dos y a sabiendas de que me preparo para una prueba injusta que no demostrará nada. No entiendo el porqué tengo que prepararme un examen para trabajar en un colegio público si fue la universidad pública la que me formó. ¿Qué pasa? ¿no confían en los profesores universitarios que ellos mismos contrataron? 

Me no comprender.

Así que a veces me levanto con ganas de echarle a la leche lejía en vez de colacao, o me visualizo rompiéndome la mano o con peritonitis y a punto de morir días antes del examen.

Pero es que todavía hay niños en el mundo que piensan que el francés no es un idioma "guay" y ya te digo yo que, no es que el francés sea guay, es que el francés es un idioma DE PUTA MADRE.

Ánimo a todos.

La senda que nunca se ha de volver a pisar

Ahora que has decidido desviarte de este camino que recorríamos juntos, de esta ruta de senderismo de alto nivel a la que yo vine descalza, ahora que has abandonado este lugar... quiero decirte algo.
 
Si algún día te despiertas melancólico-depresivo-amargado y decides volver la vista atrás verás que en el sendero que trazamos se quedaron muchas cosas. Los paisajes donde nos hicimos fotos. Los charcos donde nos mojamos. La tierra revuelta sobre la que bailamos. El árbol en el que nos miramos a los ojos. La piedra en la que nos sentábamos a esperar que al otro se le pasara el enfado. 
 
Aquí se quedó el olor de tu cuerpo. Las rosas que querías regalarme pero que te pedí que no cortaras. Los carteles en los que señalabas por dónde debíamos continuar. Incluso es muy posible que aquel collar que me arrancaste a mordiscos el día que me puse mi camisa semi-transparente siga tirado entre las margaritas.
 
Por cierto, ni rastro de tus calzoncillos verdes.
 
Y es que antes de que yo tuviese que abandonar (a la fuerza) este camino que compartimos, tuve la necesidad de recorrerlo nuevamente. Y así lo hice. Y aunque sentí unas ganas enormes de cambiar las piedras de sitio, de recolocar la tierra que movimos con los pies, de cortar aquel árbol que dejaba caer sus hojas sobre nosotros, de echar ambientador de baño de esencia natural de limón asiático para eliminar tu olor, de arrancar las rosas, de pintar penes velludos en tus carteles de mierda, y de coger el collar para metértelo por cierto orificio de tu cuerpo, no lo hice.
 
No, no destruí absolutamente nada.
 
Y quizá a ti nunca te dé por repasar lo vivido. Quizá ya lo olvidaste todo. Quizá ya tiraste a la basura el mapa que seguíamos, la brújula que nunca supiste utilizar, la cantimplora que rellenábamos con ron en vez de con agua.
 
Pero si un día decides darte la vuelta y echar un vistazo a esta ruta llena de baches por la que paseamos, verás que aquí siguen tus huellas. Intactas. 
Y me atrevo a decir que aunque te des cuenta de que todo está en su sitio, tal y como tú lo dejaste, echarás algo de menos.
 
Pero yo ya estaré lejos.
 
mirándote el culo con unos prismáticos, pero muy de lejos.
 

Si tú estuvieras en venta

El otro día me paseé por el Corte Inglés deseando que estuvieses en venta. Busqué entre las camisas de cuadros, los zapatos de cuero, las novelas eróticas y los sujetadores con relleno, pero no.

Luego pensé que la idea de encontrar a un ser humano colgado de una percha con un precio asignado era bastante ilógica, sobre todo porque la percha se rompería. Y sin embargo, aunque pueda parecer una locura, si tú estuvieras en venta yo te compraría sin dudarlo. 

Buscaría algún rincón en mi casa en el que poder colocarte, haría cola a las puertas de la tienda para poder entrar a primera hora y te buscaría entre las estanterías ignorando las ofertas del 70% de descuento en las medias con liguero y los bodys de rejilla.

Pasaría por alto cualquier error en el etiquetado y cualquier tipo de tara que pudieses tener. Y me dirigiría a la caja segura de mí misma, aunque supiese de antemano que no tienes ningún tipo de garantía y que sería imposible hacer una devolución.

Ni siquiera miraría tu precio, simplemente sacaría mi tarjeta y pondría el pin sin hacer ninguna pregunta. Quizás hasta habría sido capaz de vender todas mis joyas para poder hacer frente al pago, aunque no sé cuánto podrían darme por una pequeña colección de pendientes de 2'50€ made in china.

Y te pasearía por el parque, por la playa y por universo al completo, orgullosa de haberte adquirido en esos grandes almacenes, aunque la gente me mirase murmurando que estás fuera de temporada, que no eres de tan buena calidad como pareces y que mejor me hubiese gastado el dinero en un prestigioso curso de inglés. 

Pero si tú estuvieses en venta, la vida ya me habría prohibido la entrada a los centros comerciales, me habría jodido económicamente para que jamás pudiese adquirir a alguien como tú, o habría permitido que la vecina del quinto llegase antes que yo a tu estantería y que hubiese comprado eso con lo que yo siempre soñé. Tú.
 
Aunque quién sabe, quizás yo habría vuelto a ser el problema, y si tú estuvieses realmente en venta, yo habría deseado con todas mis fuerzas que fueses gratis.

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