Brindo por ti, capullo



Hoy brindo por ti.


Por todos los castillos en el aire que construiste, en los que yo me veía siendo la reina del flow.
Por todos los futuros que inventaste conmigo y en los que yo me visualicé.

Por todas las veces que querías bajarme la luna, cuando en realidad lo único que necesitaba era que despegaras la vista de tu puto teléfono.


Brindo por ti.


Por aquellos días en los que parecía que te molestaba compartir el aire conmigo y te ibas a dormir a la otra punta de la casa.
Por los momentos en los que me hiciste sentir que cualquier persona era más importante que yo.
Por las veces que decías estar completamente enamorado, pero tu discurso sonaba más al típico vendedor de seguros de vida que te toca el timbre a las tres de la tarde.

Pero yo te creí. Una y otra vez. Aunque en el fondo siempre había algo que no me terminaba de encajar.


Y ahora, mientras brindo por ti, con este outfit poco glamuroso compuesto por unas bragas enormes y una camiseta desteñida, una parte de mí desea profundamente que me envíes un mensaje diciendo que en realidad no quieres dejarme. Que estas horas que has pasado sin mí han sido horribles y que solo me lo dijiste porque estabas siendo apuntado por un francotirador y dejarme era tu única forma de salir con vida. Pero sé que no ocurrirá. (Aunque estaría muy guay).


Brindo por ti porque, de alguna forma, tendré que despedirme.
Y aunque lo que realmente me apetece es llamarte para mandarte a la mierda, no voy a hacerlo.
Porque soy una mujer con clase. Y si no la he tenido hasta ahora, me da igual: a partir de hoy, la tengo y punto.

Y brindo también por mí.

Porque, aunque no lo creas, voy a volver a enamorarme.
Y si no me enamoro, al menos voy a pasármelo bien. Ya tengo a una amiga esperando a que me baje Tinder para ayudarme con los matches.
A lo mejor hasta me apunto al gimnasio. Fíjate.

Y entre tanta copa me pregunto si en realidad fuiste tan importante. Y la respuesta es sí. Lo fuiste. Pero más lo soy yo.


Así que brindo por que seas inmensamente feliz en tu futuro. Tan, tan feliz, que no vuelvas a enviarme ningún mensaje… por mucho que yo lo esté esperando esta noche.


…No vaya a ser que quieras volver… y a mí se me ocurra la brillante idea de echar otro polvo contigo.


PD: Disculpa por haberme llevado al perro, pero me quería más a mí.



Que 

te 

den.

Tú no te vas a acordar



Tú no te vas a acordar, pero un día saliste de mi cuerpo y tu llanto se calmó sólo con tocar mi piel.

Tú no te vas a acordar, pero te encantaba estar entre mis brazos.

Pasabas horas sonriendo en mi pecho.

Y el simple hecho de estar a mi lado te hacía feliz.

Me buscabas con la mirada cada vez que desaparecía, y te calmabas escuchando las canciones que me inventaba por culpa de mi escaso repertorio en lo referente a música infantil.


Tú no te vas a acordar, pero te levantabas sonriendo aunque fueran las 5 de la mañana (a mí no me hacía tanta gracia, no te voy a mentir).

Me tratabas como si yo tuviera 85 años, ofreciéndome tu ayuda para darme de comer, levantarme del sillón o subirme las bragas.

Estuvimos muy unidas, cariño.

Y fue una de las mejores épocas de mi vida.


Pero esta conexión tan intensa comienza a diluirse y poco a poco empiezas a ser tú.


Y qué vas a recordar de esta etapa tan potente, tan importante, tan increíble? Nada.


Y yo un día seré esa madre, la pesada, la que no se entera, la que no te deja salir al Pachá ni hacerte el piercing en el ombligo y le harás más caso a lo que te diga la Jenny, que a lo que te diga yo.


Y, sabes? Seguramente añoraré estos tres primeros años de tu vida, en los que me mirabas con ternura, pero también estaré agradecida de que la vida me haya dado la oportunidad de seguir a tu lado. 

Además, me convertiré en esa madre pesada A MUCHA HONRA, porque que te quede claro que no te voy a dejar ir de marcha a Puerto Rico, que sé perfectamente que quieres hacer una parada en casa de la Jenny para ponerte su minifalda de lentejuelas ¡¡PERO SI SÓLO TIENES 15 AÑOS!! ¡¡PONTE A ESTUDIAR!! En Puerto Rico no se te ha perdido nada, Y PUNTO.


Un día fuimos una, cariño.

Y aunque tú no te vas a acordar,

Yo nunca lo olvidaré.


Felices 3 años❤️

A mi segundo hijo



Llegaste, y no eras el primero.


Llegaste, y nuestra vida continuó casi como si hubieras estado aquí siempre.

Comiste teta en la calle desde muy pronto.

Te llenamos la cabeza de migas de pan mientras desayunábamos en las cafeterías.

Bailaste en los carnavales, montaste en avión, escuchaste música en directo, “demasiado pronto”.

Te expusiste (también muy pronto) a los virus gracias a los besos cargados de amor y baba por parte de tu hermana.

O quizás no era tan pronto, quizás era el momento.


Llegaste, y te vestimos con ropa heredada y jugamos con juguetes que no fueron comprados inicialmente para ti.

Te hicimos fotos, pero no tan estudiadas.

Ni siquiera yo escribí mucho sobre ti tras tu llegada.

Porque no fuiste el primero,

Pero eres el último,

Mi último bebé, que crece tan rápido que se me escapa de las manos.

He dedicado este tiempo a mirarte, a darte besos, a disfrutarte, sin pensar en mucho más, precisamente porque eres el último.


Mi última conexión brutal y mamífera con un ser humano que irá, poco a poco, desconectándose de mí. 

Porque mi último bebé, ese que ahora me mira con adoración absoluta, un día me dirá que soy la peor madre del mundo porque no quiero comprarle un iPhone 54.

Y yo no te soltaré un buen cogotazo porque soy una madre del siglo XXI que prefiere solucionar las cosas hablando (de todas formas, yo no me la jugaría, mi estilo de crianza puede cambiar en cuestión de segundos).


Le pido a la vida que me deje verte crecer mientras yo pierdo, poco a poco, el colágeno que me queda.


Gracias por haber llegado cuando lo hiciste.

Gracias por enseñarme a disfrutar mucho más la maternidad.


Felices 6 meses de vida, mi niño.


Mi segundo parto



Día 1 de enero, decido ir a urgencias porque me encuentro un poco rara y estoy teniendo alguna contracción.


En las últimas visitas ya me habían dicho que el niño era grande, así que yo tenía claro que iría al hospital desde que notase algo. Si mi destino consistía en que mi hijo me destrozara el suelo pélvico con su gran cabeza... por lo menos que fuera en un entorno médico que pudiera hacer frente a la situación y no en el coche, de camino al hospital, gritándole a mi marido que a partir de ese momento nuestra relación amorosa se basaría en el respeto porque yo no iba a echar un polvo nunca más. 


Llego y me pasan a monitores para comprobar la frecuencia cardiaca del bebé y contabilizar mis contracciones. La matrona me hace un tacto vaginal y me asegura que no estoy de parto, sin embargo, me comenta que con el tiempo que tengo y el tamaño del Churumbel puedo decidir hacerme la cesárea en ese mismo momento. Nos deja un rato para pensarlo y decidimos que lo mejor es esperar. 


Mi mente se prepara para irse a casita cuando vuelve a entrar la matrona y nos dice: La decisión está tomada, el niño tiene las pulsaciones muy altas así que te haremos la cesárea ya mismo. 


Me puse a temblar al recibir la noticia, mi marido se levantó de la silla y no paró de caminar de un lado a otro. En ese momento mi odio hacia él creció por el simple hecho de no estar embarazado. Le dije muchas cosas que no recuerdo, pero que seguro se podrían resumir en: PREFIERO UNIRME A LAS MONJAS DE BELORADO ANTES QUE VOLVER A PASAR POR ESTO ASÍ QUE VETE PIDIENDO HORA PARA CORTAR TUS CONDUCTOS DEFERENTES.


Me ponen el maravilloso outfit de bata azul con culo al aire típico de las cirugías. Le pregunto que dónde está el baño, ya que la noticia había activado súbitamente mi intestino (siento ser tan específica). Cuando salgo de liberar mis nervios, no sé volver a la camilla, así que camino por los pasillos con mi culo al aire hasta que la matrona me ve dando vueltas como pollo sin cabeza y con mucho amor me guía de vuelta al box.


Me comenta que será el primer nacimiento del hospital y que me van a regalar una canastilla para el bebé. Yo deseo profundamente que en esa canastilla, a parte de cremas y biberones, haya una botella de ginebra. (Spoiler: no había ninguna, ¿Quién hace ese tipo de canastillas?)


Pasa el médico a verme. Me explica que vamos a tardar un poco en entrar a quirófano porque están operándole un dedo a un señor y yo sonrío cuando en realidad quiero decir: Por mí como si se los operan todos, ¿No pueden sacar a mi bebé de la barriga de ese hombre? Yo me quiero ir a mi casa.


Llega el momento y me cambian de camilla para trasladarme. Y como el cuerpo humano es una puta maravilla, el cerebro me da una tregua y todos los nervios se esfuman desde que entro a quirófano. A partir de ahí, ocurre lo mismo que en mi cesárea anterior: pinchazo de anestesia, me colocan, me preparan, me da un pequeño mareo de unos minutos que no tarda en irse, entra mi marido con su abdomen intacto para acompañarme mientras cortan el mío…


Sacan a mi Churumbel muy rápido, aunque les costó un poco porque el caballero era grande. Y eso que estaba en la semana 38... Si llego a parir en la 42 doy a luz a un niño de 8 años. 

El bebé llora un poco y yo también. Me lo acercan para que lo conozca y luego se lo llevan, acompañado de mi marido, a hacerle todo lo demás.


Yo me quedo para que los sanitarios acaben lo que empezaron con la esperanza de que se equivoquen y me hagan una abdominoplastia aprovechando la anestesia. Pero no. Acaban enseguida (la vez anterior estuvieron más tiempo) y en poco tiempo me vi dándole la teta al Rey de la casa.

Y aquí estamos otra vez, vuelvo a ser una vaca lechera con barriga de postparto, con el sex appeal en el subsuelo y con una mezcla de olor a regurgitación, leche materna y caca.  Tengo que destinar, por segunda vez, parte de mi dinero a sesiones de fisioterapia de suelo pélvico y entrenamientos personales para hacer frente a las secuelas físicas de esta brutal experiencia.


Y así continuará mi vida, con una Churumbela maravillosa de dos años y medio, y un Churumbel que en vez de leche materna parece que come bocadillos de mortadela Citerio.


Y aunque ya me visualizo haciendo algunos planes que tengo aparcados desde hace tiempo, como perrear hasta abajo en un concierto o mandarme una botella de vino cenando con mis amigas, ahora mismo no se me ocurre mejor plan que hacerme una vieja chocha junto a ellos.


Le agradezco a la vida esta gran experiencia. Y a mis churumbeles, gracias por darle una patada y mandar a tomar por culo todo lo que antes me parecía importante. Que la vida nos conceda la salud necesaria para disfrutarnos y que cuando cumplan los treinta y largos, mientras brindamos con una cerveza, puedan echarme en cara algún traumita leve de la infancia.


Los quiero mucho, 

(Aunque me dedique a esconder las golosinas para comérmelas yo)

El Infiel



Salí del gimnasio y me metí en la cafetería de la esquina para pecar con algo de chocolate, después de tanta sentadilla me lo merecía. Unos minutos más tarde, me di cuenta de que estabas sentado a una mesa de distancia, con uno de tus mejores amigos, hablando demasiado alto, como siempre.
Ninguno de ustedes dos se percató de mi presencia y aunque pensé en salir de allí, ya había pedido un café y un donut relleno.

Hacía unas semanas que había pillado tu infidelidad por un comentario que hizo una tercera persona. Hacía tan sólo unos días que supe que me habías dejado por aquella chica de pelo negro (más largo que el mío), de sonrisa reluciente (más bonita que la mía), e indudablemente más guapa y simpática que yo (esto tampoco era tan difícil).

Mientras le daba un mordisco al donut, escuché como tu amigo te preguntaba por qué no me lo habías dicho antes, en lugar de esperar a que yo te descubriera.

(Tu amigo me cae bien, ¿sigue soltero?)

Agudicé el oído para escuchar tu respuesta y le respondiste sin titubear que yo te daba PENA.
Te daba PENA hacerme daño.
-La POBRE-, dijiste, -con lo enamorada que está, no quería que sufriera.-

Entonces se me hinchó la vena de la sien y pensé en levantarme y alinearte los chacras diciéndote un par de cositas:

¿PENA? ¿Pena de una mujer que ha estudiado, trabajado, vivido en el extranjero, parido, y conseguido lo que se propone? ¿Pena de una mujer que va con la cabeza alta porque sabe lo que vale? 
Diga usted MIEDO, caballero. MIEDO.

Miedo a perderlo todo.
Miedo a que nadie vuelva a valorarte como yo lo hice.
A admirarte tanto.
A confiar en ti.
Miedo de que todo lo bueno que sentía por ti desapareciera de un plumazo, tal y como ocurrió.
Miedo a cargarte todo lo cosechado durante estos años.
Miedo a que nadie quiera volver a construir algo sólido contigo.
Miedo a que la nueva persona no se comprometa tanto.
A que ella se replantee la aventura y quiera volver con su expareja.
Miedo a que le salga bien.

Miedo a que otro hombre aproveche la situación y me invite a tomar una copa.
Miedo a que me pinte los labios de rojo,
A que se me escape la risa tonta escuchando sus historias.
Miedo a que yo sienta la misma felicidad que tú sentías cuando ella te enviaba un mensaje.
A que yo desee, tal y como tú deseabas, que me toquen sus manos "nuevas".
Miedo a que me pueda ir bien con otra persona, aunque sea durante tres días.
Llámelo usted como lo que es: MIEDO, cariño.

Y aunque quise gritarte todo esto cual bruja histérica, lo cierto es que, después de las sentadillas, los burpees, los abdominales, y el resto de ejercicios de tortura que me obligó a realizar mi entrenadora (parece ser que le pago para eso), mis pintas de treinteañera moribunda no eran las más adecuadas para dejarme ver. Pagué sigilosamente y me fui. Total, no hace falta que yo te diga todo esto.

Tú ya lo sabes.
¿No?



Camino a la bimaternidad: fecundación 2



-Vamos a fluir- nos dijimos.

Y en menos de dos meses tenía un predictor positivo y un marido gritando de fondo: PERO CÓMO TE COMPRAS UN TEST DE EMBARAZO ASÍ SIN AVISAR?


Cuando empiezas a acomodarte en el mundo de la maternidad porque tu primera fecundación crece, te entra la nostalgia y ves a los bebés como seres adorables. Te olvidas de que una vez estuviste enterrada en la miseria y sentías que nunca recuperarías nada de tu vida pasada: ni tu ocio, ni tu peso, ni tu sex appeal, ni tu suelo pélvico... ni el amor que sentías anteriormente por tu marido y que perdiste viéndole dormir profundamente a tu lado mientras tú estabas en un estado de alerta incontrolado.


Ahora que vuelvo a estar aquí, lo tengo claro: no vuelvo a quedarme embarazada.

Las náuseas, los entrenamientos de octogenaria, el dolor lumbar, la tensión baja, la preocupación pensando en si le pasaré algún defecto genético incluido en mi ADN... quita, quita.


Y a pesar de que lo tengo claro, sé que cuando el Churumbel salga de mi cuerpo, sentiré tristeza. Por un lado,  por que no volveré a vivir esta experiencia nunca más y, por otro lado, por que tendré que decirle adiós para siempre a este espectacular busto que luzco actualmente.


Aunque también les digo, la maternidad me ha dado un chute de amor propio que no tenía, ni por asomo, cuando mis pechos estaban situados en su lugar original. Si un día mi marido me abandona cruelmente y me veo obligada a entrar en el mercado del amor, que sepa el resto de hombres que esperan pacientemente a desabrocharme el sujetador algún día, que si lo que quieren es encontrarse unas tetas de 23 años, que se vayan a buscar pareja a la universidad.


A pesar de haber vivido los dos embarazos de forma diferente, hay cosas que se repiten. En la semana 22 me confirman que el Churumbel está sentadito como un rey sobre mi cuello del útero, tal y como lo hizo su hermana, razón por la que me hicieron la anterior cesárea.

Conclusión, yo no tengo un útero, yo tengo un sillón de hidromasaje incrustado dentro de mi ser. Por este hecho, la matrona me ofreció la posibilidad de realizarme la técnica de la moxibustión, que concretamente es:


Terapia china que puede ayudar a que un bebé que viene de nalgas se gire. Consiste en quemar una hierba (Artemesia spp.) cerca de la piel en un punto de acupuntura del dedo meñique del pie para estimular el útero. 


Yo soy una tía bastante racional. Por supuesto que considero que somos energía... pero si me encuentro mal me tomo un Paracetamol en vez de una infusión de corteza de sauce, y si estoy triste voy al psicólogo en vez de a una sesión de Reiki.

Así que cuando me visualizaba acostada en la camilla de la consulta y me imaginaba a la matrona pasándome un puro por los dedos de los pies, me entraba la risa. Sin embargo, no podía dejar pasar la oportunidad de intentarlo.


A día de hoy les puedo asegurar que la moxibustión funciona. Funciona tanto que, sólo hablando de ello con mi marido y mis amigas, el Churumbel se dio la vuelta. Así que finalmente, no tuvieron que quemarme los dedos de los pies y no pude vivir esta gran experiencia que seguramente me habría dado para un largo post en este blog. Sorry.


En cuanto a la actitud de mi hija con la futura llegada del Churumbel, debo decir que no para de nombrarlo. Le da abrazos y besos a mi barriga, me asegura que le limpiará la caca y que le dará a probar el jamón ibérico y los helados. A ver si no cambia de idea cuando nazca y se dé cuenta de que nos lo vamos a quedar para siempre...


Querido Churumbel, deseo profundamente que tu mayor problema de salud sea que quieras ser Tiktoker a los 14 y te tengamos que curar a bofetones.


Te esperamos con muchííiisimas ganas, pero ven en enero que van a ampliar la baja por maternidad.


Te queremos💖



Vistas de página en total