Tu puerta



Perdona si no abro la boca, es que tengo miedo de que se me salgan las mariposas.
Venga, deja que te investigue,
qué más te da si ya has abierto la puerta,
antes de salir de aquí quiero saber bien dónde estoy.

Me sentaré en tu sillón, sírveme el café, y que sea largo.
Que no te entre el miedo si me acerco a alguna foto tuya mientras lo preparas...
¡Recuerda que abriste la puerta tú mismo!
Pero tranquilo, no vine para calcular tus riquezas materiales,
ni para ver si habías fregado o no la taza del desayuno...
Mira el sol que hace, podría estar paseando y en cambio estoy aquí, muy a gusto,
deberías ser consciente de eso.

Tal vez mire de reojo, por pura curiosidad, la puerta de tu habitación,
y tal vez me pregunte qué habrá dentro, si tendrás fotos o algún dibujo en la pared,
pero puedes estar seguro de que no voy a traspasarla,
hoy no,
y no es porque no esté depilada,
ni porque lleve sujetador de relleno y me de vergüenza admitirlo,
es porque hoy solo he entrado para charlar un poco,
para ver lo que tienes colgado en tu nevera,
y aunque me hagas reír y pasármelo bien durante toda la tarde...
esta noche no dormiré aquí,
hoy no,
hoy sólo estoy de visita,
y me marcharé antes de las nueve,
pero ten claro que antes de hacerlo, me aseguraré de que la próxima vez que vuelva a tocarte,
TÚ VUELVAS A ABRIRME LA PUERTA.
Tu puerta.

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