No le pidas peras al olmo.



Nos hacemos mayores, realizamos estudios superiores, afrontamos problemas, aprendemos a ser autónomos, a conducir.... y SEGUIMOS PIDIÉNDOLE PERAS AL OLMO
Y esto, señores, es la causa del mayor fracaso con respecto a las relaciones sociales.

 Pedirle peras al olmo significa pedir algo imposible, algo que no es natural. Pedirle peras al olmo significa querer EXIGIR DEMASIADO.

En ocasiones tenemos la suerte de conocer hombres que son PERALES. Me refiero a esos tíos guapos e inteligentes, esos que siempre te tienen en cuenta, esos que saben darte una de cal y otra de arena para mantenerte enganchada a ellos, etc. En conclusión: ESE TIPO DE HOMBRE cuasi-perfecto... ESE TIPO DE HOMBRE que yo jamás he conocido pero cuenta la leyenda que existe realmente (de todas formas yo no pondría la mano en el fuego, por si acaso).

Pero también hay veces (siempre) que conocemos a tíos que son olmos. Esos tíos que te escuchan, sí, pero después de cinco minutos desconectan, esos que te invitan al cine, sí, pero te llevan a ver Batman. No me malinterpreten, no es malo ser un olmo, es una forma de ser respetable como cualquier otra. El problema está en nosotras, que cuando conocemos a alguien así nos dedicamos a esperar que un día el árbol sufra una metamorfosis, cambie por arte de magia, y BINGO nos dé una pera. No me llames iluso porque tenga una ilusión.

A ver amiga, que si tu novio es un JUERGUISTA al que le encanta salir con sus amigos y además tú te enamoraste de él estando de JUERGA, acepta que es así y deja de pedirle cenas románticas los viernes por la noche, porque te recuerdo que acciones como: comer, encender velas y mantener relaciones sexuales pueden realizarse cualquier día de la semana.

En mi humilde opinión, casi la mayoría de la relaciones acaban porque nos dedicamos a pedir cosas de más, cosas que la otra persona jamás nos ha ofrecido pero nosotras queremos SÍ O SÍ (Bueno, por eso o porque tu novio se tira a la del quinto y tú te enteras [CON SUERTE] dos semanas después)

Pero a ver... si jamás nos han dicho el nombre del fruto que da el olmo, ¿cómo íbamos a saber qué pedirle?



SÁMARAS, Así se llaman. Ya sabes qué es lo que tienes que pedirle al próximo olmo que te encuentres.
Bah, no sé pa’ qué hablo, en realidad le vas a seguir pidiendo peras.
Igual que yo.

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