La despedida




-   ¿Qué tal? ¿Estás nerviosa?
- Mientras no lo esté usted…

Yo nunca le he tenido miedo al dentista, básicamente por que me pasé parte de mi adolescencia con ortodoncia, así que ya estoy más que acostumbrada a eso de tener una ferretería dentro la boca.

Pero a partir de ahora puede que la cosa cambie. 

Hace una semana, un apuesto doctor me extrajo las muelas del juicio. Una salió perfecta, pero para sacar la segunda tuvo que escarbar durante una hora y media en mi apreciada y, gracias a Dios, anestesiada encía. 

Ahora voy a hacer fuerza. Ahora voy a hacer palanca. Ahora voy a tirar un poco. Ahora voy a hacerte el amor por que eres maravillosa. 

Bueno, lo último no lo dijo, pero seguro que lo pensó.
Y me sacó un diente tan grande que más que un cordal parecía el fémur de un tiranosaurios Rex.

Me fui a casa con la cara anestesiada y pensé lo que todo el mundo habría pensado en mi situación: que se me iba a quedar la boca cambada para siempre. Me vi denunciando al médico en un juicio, intentando declarar con seriedad y un habla ininteligible.

Y luego me vi con 60 años, sola, desamparada, con la casa llena de gatos a los que les permitiría subirse a la mesa de la cocina y sin haber podido conseguir un marido a causa de mis imperfectos labios. Me visualicé sentada en una mecedora, acariciando a Misifú, viendo en la tele un programa que ni siquiera escucharía, preguntándome por qué llegué a pensar en mi juventud que no era una chica agraciada, y lamentándome por no haber salido más veces con los labios pintados de rojo a tirarle besos a los muchachos. 

Y entonces la anestesia pasó y empezó el dolor.
Dolor de cabeza, de oído y de muelas. 
Y como no podía ni ver la tele, ni sentarme en el ordenador, ni leer, ni hacer nada que me obligase a fijar la vista, me dediqué a hacer lo que cualquier persona habría hecho en mi lugar: enviar mensajes telepáticos insultando a toda aquella gente que me dijo que quitarse los cordales era una tontería.

-Una compañera de trabajo me dijo que el mismo día que se los quitó pudo comerse un bocadillo.
-¿Tu compañera es una cabra? Por que como no lo haya engullido entero primero y rumiado después, no entiendo cómo coño pudo hacerlo.

Durante varios días la única diferencia que había entre un globo de helio y yo, era que yo no volaba. Y sinceramente, me habría gustado que, ya que tenía una papada temporal de la que no podía librarme, al menos me hubiese servido para flotar en el aire.

Hoy, cuando fui a quitarme los puntos, el guaperas se dio cuenta de que no era capaz de abrir la boca al completo. Como mis pobres morros se pasaron una semana casi cerrados los músculos ya se me habían contraído. Si me llego a pasar una semana más así, habrían tenido que triturarme las hamburguesas con queso y los bocadillos de ternera para poder inyectármelos en vena.

Sí, mi vida es incompatible sin hamburguesas, ni bocadillos.

Y si tú, querido/a lector/a, aún tienes tus cuatro maravillosas muelas del juicio, sólo te doy un consejo: con el dinero que piensas gastarte en sacarlas, mejor cómprate algo bonito.


Una y no más, Santo Tomás.

Espero que no se regeneren como las colas de las lagartijas.


4 comentarios:

  1. Tienes un don para relatar cada momento como si fuera único. La verdad? No te veo llena de gatos jajaj Un beso enorme

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    1. Jajaja, muchas gracias Demian!! De todas formas no me gustan los gatos... ;-)

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  2. Me pasó lo mismo, la mía tenía las raíces en forma de pinza, imposible moverla de su lugar. Al final, tanto darle y darle se partió la muela, las raíces quedaron en su lugar, se negaron a salir... Y el odontólogo me dice: No importa, después salen solas 0_0... Y era verdad, después salieron solas, mi bonito cuerpo las expulsó sin ningún dolor, sin necesidad de cirugía, ni sutura, ni nada... (Cuando salió la segunda raíz, me la tragué, no me di cuenta Jajaja)

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  3. Me aterra el dentista y creo que carezco de juicio al menos en forma de molar.
    Un saludo y cuídate mucho

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