Los "te quiero" que te dije


La primera vez que pensé que te quería, tú estabas sentado frente a mí. Mientras me hablabas de lo borracha que se quedaba tu abuela tras tomar la medicación para dormir, yo me dije a mí misma que debía confesártelo. 
Te prometo que casi estuve a punto de hacerlo, pero antes de que mis labios se decidieran a mover los músculos pertinentes, mi cabeza empezó a pensar que me estaba volviendo loca, que quizás estaba viendo indicios de coqueteo donde no había más que amistad, y me autoconvencí diciéndome que era absurdo cortar una conversación tan interesante sobre el Valium y el Orfidal tan sólo para decir te quiero.

Unos días después lo leí en tus ojos, tú también sentías algo por mí. Pero entonces me entró el miedo y empecé a pensar que no sabía si en realidad yo quería que me quisieras. No tenía claro si estaba dispuesta a abandonar mi estabilidad emocional por una montaña rusa de nuevas emociones impredecibles. 
No sé, llámame tonta, la gente se pasa la vida buscando el amor y cuando yo lo tuve muy cerca mi cabeza se alarmó, sonaron las sirenas y pensé que no estaba preparada para que alguien sintiese algo por mí.

Cuando al fin te dije te quiero por primera vez, en realidad era una verdad a medias. En el pasado quise mejor, más intensamente, y aunque te quería, tal vez no lo tenía tan claro como yo pensaba.

Pero el tiempo pasó y las dudas se esfumaron. El día que te vi bailando el aserejé en pijama y no dudé de tu inteligencia, supe que te quería como nunca había querido a nadie. Y el día que transformaste mi ropa blanca en rosa por no haber sabido separar los colores, supe que el no desear descuartizarte lentamente con una navaja suiza, era signo de amor verdadero.

Y lo nuestro empezó a ser true love.

A pesar de mis sentimientos hacia ti, muchas veces dije te quiero sin pensar realmente en su significado. 
Cuando nos enfadábamos, yo no quería decirlo porque dudaba si de verdad tú eras para mí.
Y en varias ocasiones no lo hacía porque esperaba que tú lo dijeras primero.
Y en algún momento afirmé que te quería cuando en el fondo me sentía ahogada en la rutina y con miedo a hablarte de ello. 
Hasta alguna vez lo dije sólo porque tú querías oírlo.
Suena horrible, ya lo sé.

Pero todo esto no fue más que el fruto de ciertas inseguridades, la consecuencia de malos días, la poca capacidad de saber expresarme, la estupidez de no saber valorar lo que se tiene. Y ahora que te has ido, me he dado cuenta de todos los te quiero que me quedaron por decir. Esos te quiero viven tan clavados en mis neuronas que me duele la cabeza y ni siquiera sé cómo demonios echarlos de aquí. Y te aviso que a éstos no les tienta ni un viaje a Hawai.

Todos los te quiero que me guardé, sanos, simples, sin historias ni dudas, llenos de buenas cosas, son 
lo mejor que mi corazón/cerebro ha creado. Tú viniste y elevaste mis sentimientos a la máxima potencia, y eso que yo tenía el cerrojo echado a cuatro llaves y la cabeza más dura que un bloque de cemento.
¿Y sabes lo que ocurrirá ahora con todos esos te quiero?
Pues que se perderán, intactos, sin que nadie tenga ni la más mínima oportunidad de utilizarlos aunque sea para burlarse de ellos.

Y encima tengo que taparme la boca para no gritarlos cuando te encuentro por casualidad

Así que, cariño...
LA PRÓXIMA VEZ QUE TE QUIERA TU MADRE.

1 comentario:

  1. Qué bonito, por lo sincero y valiente, por lo que implican esos te quieros... pero que triste también, eh?
    Hoy me dejas con regustillo amargo... pero creo que este post me gusta más que me disgusta.
    Al menos has aprendido para la próxima, verdad? ;)
    Un abrazo!

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