Au Revoir, France!



Cuando uno se va a otro país se va cargado de diferentes expectativas y gran parte de ellas son verdaderamente irreales.
Por mi parte, yo soy una chica bastante sensata, no suelo pensar en cosas que jamás ocurrirán, es por eso que cuando vine a Francia, mis expectativas eran totalmente posibles:

Conocería a un chico llamado Jean Pierre, que jugaría al hockey, sería guapo, hablaría un poquito de español (yo le ayudaría después a perfeccionarlo) y uno de los órganos más importantes de su cuerpo le mediría 26 cm. Es evidente que estoy hablando del hígado.
Además, Jean Pierre se pondría cachondo sólo con verme el tobillo.
POR FIN ME IBAN A DAR UN BESO FRANCÉS! Digo, por fin me iba a dar un beso UN francés.

Pero no, es más, una de las cosas que he aprendido aquí es que jamás podría vivir con un hombre, sobre todo si quiero seguir siendo su objeto de deseo. A no ser que a ese hombre se le suba la líbido al ver a una chica saliendo del baño en camiseta térmica y bragas de abuela cantando Hakuna Matata.

Cuando vives sola nace en ti un impulso primitivo, una fuerza sobrehumana que te obliga a comer tabletas enteras de chocolate, ¡¡¡¡¡¡¡¡incluso sin estar depresiva!!!!!!!  Además de esto, viviendo sola también te planteas si todos esos tópicos que ocurren en las películas son reales: Nunca invité a un chico a mi casa por si llegaba a pensar que era una indirecta. Incluso una vez necesité un poco de sal y no se la pedí a mi vecino por miedo a que pareciese una insinuación sexual.

Pero querido país vecino, ¡cuántas cosas buenas me has dado! Ahora cuando diga que he estado un largo periodo de tiempo trabajando en Francia la gente pensará que soy una chica lista, astuta,  pero sobre todo INTELIGENTE, eso sí... siempre y cuando omita que no sé francés.

Au revoir, France!!!


-¿Jean Pierre?
-Sí, dime
-¿Sigues en Budapest?
-Sí, hasta próximo aviso
-Bien, ya puedes volver, la acosadora se ha ido
-Gracias a Dios...


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